Porque sí

Quiero escribir. Mejor dicho, necesito escribir. Me vienen las ansias como me viene la necesidad de café por la mañana. El sol está por llegar a su cúspide. No hay una sola nube en un cielo que debería verse gris invierno, y se ve diáfano verano. Desde donde estoy sentada se ve todo muy bien. Ni siquiera diviso el tráfico que caracteriza las calles de Quito. Los peatones van lentos, los carros van lentos, el martillar en la construcción vecina va lento, los árboles que están cortando en mi calle para construir edificios caen lentos, y yo quiero ir a decapitar cual Kill Bill a los asesinos. (La violencia es extraña. Suelo abogar por la no-violencia, incluso en la elección de vocabulario a la hora de hablar y escribir, pero ésta de repente me viene al cuerpo, y al llegar a su máxima expresión, lo que hago es elegir una dicción, inconscientemente, más violenta, porque la verdad es que a veces no puedo ni matar una mosca, así que eligo matar con mis palabras. ¡¡¡Muere mosca, muere!!!)

Matar con palabras

Matar con palabras

He dejado de escribir porque empecé a trabajar… lo cual es gracioso porque un día pensé que mi trabajo sería escribir. Así que heme aquí, recogiendo las migajas de mis ganas de escribir para armar un par de parrafitos sin mucho sentido, ni objetivo, ni razón de ser. Si me preguntaran por qué, diría, porque sí.

Una paloma acaba de aterrizar en el edificio de enfrente. ¿Cómo se debe sentir posarse en el piso 10 de un edificio, así porque sí, porque es lo que uno hace? Luego ella y la compañera con la que se encontró en la esquina del piso 10 alzan el vuelo, así como si nada, y desaparecen de mi vista. Habrán ido a posarse a otro edificio, ver la vista, cortejarse un rato, abrir las alas otra vez y salir volando. Suena bien. Salir volando. Las palomas podrán ser bichajos sucios, pero por lo menos, dentro de la urbe, tienen el chance de eso, salir volando. Valga la repetición.

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