Sunday scribbling

The sun is setting. Downstairs I hear Bach and all its solemnity. My ass has been sitting all weekend. I might have become one with the sofa.

(Find the author in the photo)

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I turn off my music (Queen – I want to break free) so I can hear Bach better. It has always had a focusing effect on me. I used it to study for finals, and when those were done I was glad to turn Bach off again and remove the religious mist from my room.

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Weekends are kind of a test for my existence. What to do? Where to go? I want to do something useful, practical, fun, adventurous, new. Yeah! Let’s do that! (Couple of minutes later I turn on my computer and that’s that. It is amazing how much time one can waste on internet). Procrastination. I suffer from that illness. Otherwise I am totally healthy. My doctor told me so on friday. I told her, like I tell my therapist, that something is very wrong with me. I can’t seem to be able to find my dreams and objectives amongst all my thoughts. “You WANT something to be wrong with you”, she tells me. “That way you would have an excuse for your laziness and lack of will”. She didn’t exactly use those words, but that is how I heard it.

Will, like sports, like brushing my teeth, is a habit. I think. (Opened Facebook to check my home page real quick, even though I checked it seconds ago. It’s addictive, I’m telling you. I even googled “Facebook addiction” once and found an article ,which I never finished reading cause I got distracted with Facebook).

The music downstairs stopped. We found my dad’s old LP collection. It’s mostly classical music. We bought an LP player, a new one. I wanted a vintage-looking one but we had to buy it in the States and then bring it to Ecuador so we just said, “What the hell” and bought this ugly one here. We are really excited about it, but the thing is we have to go downstairs and turn the LP around when one side is over. I thought it would be good to go back to this not-so-automatic way of doing things. Let’s see how long it lasts.

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But since side A of Bach is over I will go back to my own music. I put play on my youtube playlist: Mystery Jets – Serotonin. It’s a really good song. It’s on my Favourites.

http://www.youtube.com/watch?v=cAyMpUFboA4&feature=share&list=FLjA3ZpiA2Xl0jDhfj2r2H_Q

Anyway, weekends. Right. I always say I’ll leave the city, go camping, spot whatever place on the map and go there, talk to friends, talk to strangers, go for a coffee, bake a cake, learn how to play the guitar, figure out what to do with my life, find my dream job, (no boss, no schedule, no office…. I want too much), clean every LP and put them on new boxes. Wait, we did that already. Write. Writing is hard though. I think most people think it’s easy. You just sit down and scribble down whatever. But it’s not like that. It’s really hard. I read this quote the other day, by Thomas Mann, “A writer is someone for whom writing is more difficult than it is for other people.” It is so true, at least for me. I want to write everyday, but many times i just don’t seem to be able to do it. Words, reason, abstraction, it is tiresome and I am out of habit. Even when I get on inspiration mode and I am able to write for days and days in a row, I end up so tired and I can’t think or talk or do anything at all.

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Ok, this post is long enough. THE END. Hey, Bach is back on.

Dos bichos raros (o un domingo de malhumor)

Encuentro que en Quito hay una falta de espacios públicos donde la gente pueda encontrarse (parques, plazas, cafés, boulevares) además de la ex plaza Foch, y una cierta zona en Cumbaya. Mi mente se pierde por completo a la hora de pensar en algún lugar chévere donde ir a tomar un café, sola o acompañada. Tal vez es culpa mía este desconocimiento en cuanto a cafeterías y bares interesantes que inviten a entrar y quedarse. Si alguien sabe de alguno chévere, tipo cucho oculto en calle desconocida, por favor pasar el dato.

He visto que llegado el domingo, como éste por ejemplo, y no hice ningún plan, me entran unas locas ganas de salir de la casa y tomarme un buen café… así que divago, ¿Dónde ir? ¿Dónde ir? Y mi mente me traiciona, porque acabo yendo al mismo lugar de siempre. Me declaro mala hierba de ese lugar. En la semana, incluso sin haberlo premeditado, de alguna manera u otra, termino en ese lugar. Tal vez ahora que empecé a trabajar tenga una oportundiad de salvarme a mí misma del tedio de la rutina y de la falta de lugares a los que salir, urbanos me refiero.

Creo que mi papá se encontraba en la misma situación dominguera que yo, así que decidimos salir a tomar un café a este, el mismo lugar de siempre. Hay dos cafeterías por ahí, además de restaurantes y demás. Yo eligo siempre ir a una ecuatoriana. Junto a este hay una competencia colombiana, y ¿porqué no apoyar el producto nacional si es un producto bueno? El ambiente en esta zona es chévere, por eso no me puedo quejar. De aspecto cuasi mediterráneo, con terraza, mesas fuera, familias tomando helados enormes con crema, chispitas de chocolate, salsa de mora, crêpes y cafés.  Cuando cae la tarde, se van los últimos rayos de sol, y se siente más fresco el viento, es un buen lugar donde estar. Pero claro, es el veintiúnico de este estilo, y mis ganas de ir allá están llegando a su límite.

He notado que aquí, y tomo este como ejemplo específico, intento huir de las peligrosas generalizaciones, más de la mitad de la gente no va por el café, o por el salir de casa y la rutina. Es más, cómo yo, terminan viniendo aquí por rutina. Mi motivación ulterior es realmente salir, escapar de los confines de mi mente, y sumirme en el sopor del café, pero la motivación de muchos de los personajes que veo pasar junto a mi es mucho más simple, que no sencilla: farandulear. Vaya. No me voy a eximir. Tiene algo de divertido el voyeurismo, en principio inocente. Ver pasar a la gente, ver sus caras, cómo van vestidos, qué hacen. Pero es una diversión totalmente vana cuyo objetivo es el de distraer la mente de la propia existencia (algún rato me explayaré más sobre este pensamiento)…. y es una diversión que en pocos minutos pierde su gracia, más aún cuando la gente que pasa parece toda cortada con la misma tijera. Lo que quiero decir es, que no por ser humano significa que tenemos que ser todos iguales. Esa es una faceta que se debería superar después la adolescencia. En fin, parecería que aquí en este medio, es lo contrario, no sólo no se supera, sino que se extiende eternamente. Bajo el lema de quiero ser diferente, lo que realmente logran es ser todos bastante parecidos, por ponerlo amablemente. Se alega diferencia, pero se teme sobre manera llamar la atención al ir vestido de autenticidad

Como papá y yo sólo queríamos salir un rato de la casa, llevamos con nosotros quehaceres: papá sus cómics, yo, mi pequeño diario. Un capuccino, una pasta de piña, un mil hojas y un jugo de mandarina después, seguimos sentados, ocupados con nuestros menesteres.

Noto que la gente que llega nos regresa a ver, no sólo casualmente, como ven al resto de personas que están por ahí deambulando. Se toman una fracción de segundo más, como si fueramos dos bichos un tanto inusuales (lo somos). Me distraigo un momento de mi escritura y veo el modus operandi que ya no me es para nada desconocido. La gente llega muy bien ataviada, todos los detalles se han considerado con sumo cuidado: pelo, reloj, joyas, zapatos de tacón, cartera, camisa, gafas… etc. Entran, rara vez solos, y regresan a ver con mirada sería y especulativa al resto de gente ahí presente. ¿Hay alguien conocido? ¿Hay alguien aqui que valga la pena saludar? ¿Hay alguien aqui que sea testigo de su entrada aparentemente triunfal? El chiste es el siguiente, ver y ser visto. Si uno va, y no hay nadie ahí que lo corrobore, supondría una especie de pequeño fracaso. 

En otros lugares, y sin generalizar, la visión de una persona leyendo o una persona escribiendo en un espacio público, un café, o tal, no es raro, sino lo contrario. No es sospechoso ni preocupante. Pero en este lugar hay un temor casi explícito de ir a un lugar público y estar sólo. No se puede estar sólo, ¿está loco acaso? Debe ser uno de esos personajes alternativos que ahora tan de moda se han puesto.

Uno podría, en efecto, ir sólo y ponerse bajo la mirada inquisitiva (del sustantivo inquisición, léase con la connotación que se prefiera) y sentir cómo las vibras negativas se dirigen hacía uno, pero eso a veces termina a uno par amargarle el café, y el café ya bastante amargo es. Sin embargo, llegado el momento, entran ganas de sentarse con una taza de café a sospesar el universo y sus extravagancias, me veo otra vez en este mismo lugar, porque no hay ningún otro de este estilo al que ir por donde vivo. Y no se me ocurre ir a la competencia, no sólo por mi repentino patriotismo (el cual en realidad no tengo), sino porque ahí, el faranduleo es más pesado, más evidente y hay más adolescentes bulliciosos que sólo asustan porque desde ya se ve que no se cuestionan ni se cuestionarán nada de lo que los rodea. Generalizé. Pido disculpas. Pero estos adolescentes son algo que temer, como el calentamiento global, la contaminación, la extinción de las especies, las arañas, etc.

Caigo en mi propia trampa. Termino generalizando, termino peleada con el domingo y termino yendo al mismo café, al que va la misma gente a ver y ser vista. Me pregunto si los voyeurs ahí me ven como los veo yo a ellos y piensan lo mismo de mí. Seguramente sí, porque pensarán que si alguien va ahí es por ese único propósito, por mucho que el mío sea sólo salir por un café. Admito que a veces me las tomo con Quito y hoy es un día de esos. No es tan malo como lo hago parecer. A veces el domingo me coge desprevenida y se convierte en un Nathalie contra el universo, o el universo contra Nathalie. Pero mis divagaciones no nacen de mi malhumor, sino de la observación antropológica de este mundillo en el que vivo. Intento ser imparcial y objetiva, pero ya vieron, a veces caigo en mi propia trampa.

El viento se enfría más y los dos bichajos decidimos que es hora de irse. El café estuvo bueno, la compañia también. Papá terminó de leer sus cómics y yo escribí algo. La gente sigue ahí. Salen unos, entran otros y la vida sigue.

Ayer domingo: Homo Plastilinus Asquerosus.

Es domingo, y al ser domingo y sin haber realizado ningún tipo de actividad, usualmente me gusta hacer honor a la Shakira cantautora que en su inicios como poeta escribió una canción en plan confesión en la que admitía que no se bañaba los domingos. Hoy hice una excepción, que en realidad hago con frecuencia (por lo tanto no es una excepción) porque no hay nada más rico que ducharse todos los días. Los que tenemos el privilegio del agua corriente, y además, agua caliente, podemos aprovechar esto. Pero cuando me encuentro en ánimos literarios me gusta crear mi personaje como uno de esos que tienen  manías que los hacen más complejos a la vez que interesantes (aunque podría estar creando el efecto totalmente contrario), y actúo como si la ducha de los domingos fuera algo ocasional y ajeno a mis pensamientos hippies y tragicómicos. Una vez se lo conté a un amigo y desde entonces me cree un ser medio sucio, medio gracioso, cuando mi intención era crear la ilusón de que la mía es una existencia poética.

Hoy domingo me duché porque no podía más con mi persona. Todo el ambiente estaba espeso y yo me estaba espesando con él cual masa grumosa. He sido una plastilina que se ha arrastrado en pijama todo el día. Homo Plastilinus Asquerosus. Sí. Hoy me sentía totalmente asquerosa. De esos días en los que no hay fuerzas para vestirse, arreglar el cuarto, hacer algo medianamente útil. Un duchazo me pareció una buena manera de espabilar.

Mi mano derecha está en arreglos temporales y tiene un letrero de “Disculpe las molestias, estamos trabajando para usted”. Cómo esta es una operación por la que he pasado antes, he vuelto a recordar que mi mano izquierda no era del todo una inútil. Más bien está siendo más funcional de lo que esperaba. Pero aún así hay cosas que sin las dos manos es muy díficil hacerlas. Por ejemplo ducharse. Después de pasar por el proceso de cubrir la mano enyesada con dos bolsas plásticas, rodeando antes el brazo con una toalla para evitar se filtre el agua y amarrándolo todo con una liguita, hay que proceder a ponerse el shampoo, enjabonarse y demás acciones duchísticas.

Lo que pasó es que me puse medio tarro de shampoo porque me lo puse directo en la cabeza y no sentía si estaba cayendo algo o no. Un lado del cuerpo es fácil enjabonarlo, otras partes son inaccesibles sin la mano derecha.  Lavarse los dientes es otra cuestión. Tengo que ponerme la pasta directo en la boca. Todo muy rudimentario. Comer con la izquierda y pedirle a mi madre que me empuje la comida con su cuchillo a mi tenedor (porque the next best thing es comer como perrito). Amarrarse el pelo es imposible, aunque ayer logré hacerme un medio nudo con un gancho. Vestirse es difícil. A veces la camiseta se queda a medio camino porque no pasa del yeso. Doblar la ropa. Ponerse crema en el brazo izquierdo. Es toda una situación pateticograciosa.

Eso fue mi domingo. Un arrastar mi existencia por toda la casa, rodeada de una nebulosa infranqueable y dejando rastros de mi masa grumosa por toda la escalera, cual Jabba the Nath.

Canción con la que me iba arrastrando ayer: Blondie – One way or another

Jabba the Nath (disculpen el dibujo con la mano izquierda)