Del lunes y una caja de crayones

A veces, como hoy, no sé sobre qué escribir. Divago entre el gris de la tarde, el Totoro que cuelga de mi ventana, el color rojo que se ve a lo lejos y que corresponde al que solía ser mi colegio, los sombreros que descansan sobre mi sofá, el eterno desorden de mi escritorio, y otros pendientes que los tengo en mi lista de must-do’s desde hace más de un año. En serio, no se para que diablos tengo una agenda.

He intentado tener un día productivo, de esos que si alguien me pregunta que hice hoy, yo pueda decir, mucho. Entre mis actividades varias me dediqué a buscar poemas de Elizabeth Bishop, porque por casualidad leí uno de ella en la revista El Malpensante. El que leí se llama “El Arte” y habla de la habilidad de perder las cosas, de lo fácil que se domina, incluso el perder a alguien. Creo que difiero con ella en ese último punto, pero tengo que pensarlo más en profundidad.

Éste es el poema, es genial:

One Art 
by Elizabeth Bishop
The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

–Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied. It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.

Volviendo al tema. Eso de pensar en profundiad es algo a lo que le he estado huyendo últimamente, por pereza, por que me da dolor de cabeza, y porque me da insomnio. Debo admitir que pensar en profundidad es un hábito, por lo tanto se adquiere con la práctica… y aunque a primera vista sus beneficios se me antojan placenteros, creo que a largo plazo pueden ocasionar algún tipo de locura, posiblemente irreversible…. por suerte.

Después de haber enviado la edición de una entrevista en la que trabajé en conjunto con un recién hallado colega empecé a tomar té rojo. Es bien fuerte la pendejada. Dicen que tiene propiedades de esas que son buenas para la salud, pero huele a diablos. Me lo terminé igual. Todo sea por la propiedades.

Hablando de propiedades. Charlie me regaló el otro día uno de los regalos más chéveres que me han hecho en mucho tiempo, una caja de crayones, la de 64 crayones de Crayola. Me sentí como niña de cincos años y no pude evitar dejar de lado todo lo que estaba haciendo (entre esas cosas escribir mi novela que algún día me ganará el premio Nobel de literatura) y me puse a pintar. Los que me conocen, o tienen algún tipo de noción artística, saben que carezco de este tipo de habilidades, pero me emocioné igual y el resultado fue este:

la emoción de los crayones nuevos

un intento de montañas al anochecer. Y es que si tienen algo de mágico las montañas, casi a cualquier hora del día. Quisiera decir que fue mi subconsciente el que estaba hablando por mí y de ahí salió este casi psychadelic dibujo, pero no creo que fue así.

No soy de esas artistas que se dejan llevar intuitivamente por sus pensamientos o sentimientos. Casi todo lo paso por ese filtro de raciocinio mío, tan inevitable como insoportable, ese que no me deja dormir.

En fin. La caja de crayones es genial y pienso darle uso total y absoluto.

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