The purpose of a flower

Do flowers become trees?
They shall fail.
The forest expects trees.
The flower has failed already
It’s younger self
It’s childhood dreams
It’s vision of a golden trunk,
with golden leaves.

Can a flower but stare?
There is a window
Not its window
Rather the eyes that see through it
And what it sees through it
And how it sees it all
And how no one else sees it like it does
And what it makes of what it sees.
It shall take comfort in that.

Does it do it to herself?
It does.
The flower is also the weed
The dryness
The dark
The chain
The scissor
The broken porcelain vase
The aimless arrow.

Is there a point to a flower?
To be born against all odds
To bloom.
To love the wind
To light up the garden
To feed the bees and butterflies
To wither in the blink of an eye
To survive the frost
To die overnight.

Shall it bloom in the darkness?
The void expands.
There is no garden
There is no rain
There’s too much rain
It’s cold in the shade
It burns in the sun.

Where will it live?
Let it live in a tree house
In a leaf
In a sunbeam
In a cloud
In a moor
In the abyss
By Orion’s Nebulae

Can a flower but be?
Bloom, flower.
Time is unrelenting
The forest will not wait
Bloom
Before you wither.

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Illustration by Edith Rewa

A Song of Opposites, by John Keats

“Under the flag
Of each his faction, they to battle bring
Their embryon atoms.” – Milton

WELCOME joy, and welcome sorrow,
Lethe’s weed and Hermes’ feather;
Come to-day, and come to-morrow,
I do love you both together!
I love to mark sad faces in fair weather;
And hear a merry laugh amid the thunder;
Fair and foul I love together.
Meadows sweet where flames are under,
And a giggle at a wonder;
Visage sage at pantomine;
Funeral, and steeple-chime;
Infant playing with a skull;
Morning fair, and shipwreck’d hull;
Nightshade with the woodbine kissing;
Serpents in red roses hissing;
Cleopatra regal-dress’d
With the aspic at her breast;
Dancing music, music sad,
Both together, sane and mad;
Muses bright and muses pale;
Sombre Saturn, Momus hale; –
Laugh and sigh, and laugh again;
Oh the sweetness of the pain!
Muses bright, and muses pale,
Bare your faces of the veil;
Let me see; and let me write
Of the day, and of the night –
Both together: – let me slake
All my thirst for sweet heart-ache!
Let my bower be of yew,
Interwreath’d with myrtles new;
Pines and lime-trees full in bloom,
And my couch a low grass-tomb.

Posthumous and fugitive Poems

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Agujero (Poema a mí misma)

Vida
Esa cosa implacable
Que no perdona
Ni devuelve
Ni da palmaditas en la espalda.

Esa cosa
Con forma de agujero
Con fuerza gravitacional
Siempre vacía
Insaciable
Insaciable?

Vida
De colores
de óleo, lapiz y acuarela
Sobre un papel blanco
y ningún borrador.

Disonante
Asonante
Armónica
Melódica
Rítmica
Resonante
Un tambor.

Vida
Siempre linda
Porque es vida
Variable
Matemática
Orgánica
Complicada
Complicada?

Esa cosa subjetiva
Aterradora
Profesora a la antigua
A cachetadas
Que vive del lenguaje
Hablar, gritar
Suspirar
Besar.

Comunicación
En cualquiera de sus formas
La única llave
En toda la incomprensión
Todos los idiomas
Las creencias
Los resentimientos
Las familias
Los amigos.

Es tan fácil enojarse
Y tan difícil perdonar
Vida
La del secreto de los tiempos
La facilidad
De dejarse llevar
Ser y dejar ser
Decir sin decir
Golpear sin puño
Acariciar sin mano.

Si uno pudiera ser más vida
Y menos humano
Menos razón
Menos corazón
Ser viento
Sol y lluvia
Ser hermano
Amigo y transparente
Roca y pluma.

Saber la pregunta y la respuesta.
Pero si fuera así
Sin ensayo y error
La intensidad se anularía
La lección no existiría
Sería todo plano
Y aburrido.

El agujero persistirá
La duda también
Sólo queda la curiosidad
y el siguiente paso
Y esa valentía que
No parece que está ahí

Hasta que está.

La suculenta

La suculenta se está deshojando. Falta de agua tal vez. O falta de amor. La observo. Me nace quererla, de verdad. Incluso me provoca pena, con su tallo frágil y sus cada vez menos hojas. Pero olvido regarla, observarla, cuidarla (a pesar de que está justo frente a mí en mi escritorio). Sí la quiero, de verdad.

Mi abuela me recomienda que hable con las plantitas, que ellas lo sienten y crecen mejor. Lo he intentado, pero me siento rara. “Hola plantita, ¿qué tal?”… “¿Porqué estás suicidándote lentamente?”. La plantita me observa impávida. ¿Será que no quiere vivir? Cuando mi abuela estuvo aquí la trasplantamos porque su otra macetita, que compartía con otro tipo de suculenta, ya le quedaba chica. (Que linda palabra, suculenta). Pensé que así reviviría. El cambio, siempre crítico, debe forzosamente traer crecimiento, ¿no?. Mi suculenta usa bastón para sostenerse y mantenerse erguida, la pobre.

Volviendo al otro tema, tengo una tía que mantiene largas conversaciones con sus plantas. ¿De qué tanto hablarán? En todo caso, su jardín crece cual selva amazónica.

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El shuffle del iPod

Ayer, al terminar mi día de trabajo, el shuffle del iPod me regaló una de mis canciones favoritas que postearé más adelante: Bennie and the Jets, del siempre colorido Elton John. Que hermosa, increíble, original canción. Es de esas que me hacen cosquillas en la médula y hacen que un impulso eléctrico me haga coger mi micrófono invisible y que haga de mi vitara gris oscuro llamado Gusgus, mi Broadway personal.

Contexto en el que sonó la canción: parada en el tráfico de la República del Salvador a esa hora a la que empiezan a salir otros entes como yo, con sus rostros cansados e infinitas ganas de estar donde sea en el universo, menos parados en el infame tráfico de Quito. Un tráfico al que con el pasar de los días uno parece resignarse, aunque no por eso disminuye el odio, el tedio, y la tristeza que éste causa por el tiempo perdido de vida que implica.

Odio. Es una palabra muy fuerte. Hace un tiempo discutí, siempre diplomáticamente, con mi mejor amiga sobre el uso de esta palabra. Yo criticaba el hecho que ella la hubiera usado para referirse a su disgusto de una persona en particular. Yo la disuadía acaloradamente de lo negativo que es usar dicho verbo. Después de estar mensajeándonos por largo rato vi lo que estaba intentando decirme. Que en ningún momento de la conversación había usado la palabra odio, y yo, en mi apasionamiento estaba segura de haberla leído entre sus mensajes. Me sentí tonta y me tragué el orgullo cual pastilla que no pasa por la garganta y empieza a deshacerse en la lengua. Amargo, amargo. La conversación terminó ahí.

Sin embargo, aunque le tengo aversión al odio, a veces es inevitable. El tráfico de Quito, la gente que juzga sin conocimiento previo (o peor, con conocimiento previo) por el simple placer del sentimiento de superioridad, los que hacen trampa, los mentirosos, la hipocresía (aren’t we all?), la negatividad, el smog de los carros, los que cortan árboles, como algunos pueden tener taaaaanto y otros no tener nada. La lista sigue y es difícil negar que son hechos que invitan a eso, sentir odio. ¿O tal vez es sólo incomprensión? Odio implica un disgusto desmesurado y pasional por algo o alguien. ¿Significa esto que no es lógico? ¿Es la pasión irracional?

Si bien recuerdo (podría haber dicho, si no recuerdo mal, pero toda la frase por sí sola invita a pensar negativamente. (Asertividad, algo que me aconseja mi papá siempre))… Si bien recuerdo de mis clases de filosofía, un sentimiento es una emoción que pasa por la razón. Una emoción es la respuesta a un instinto. Cuando alguien reacciona emocionalmente lo hace sin pensar. ¿El odio es una emoción? ¿Un sentimiento?

Para poder seguir opinando del odio en este post me metí a buscar sus definiciones y entre Descartes, Spinoza y Aristóteles he decidido que mejor dejo de hablar de esto ahorita, sino voy a terminar haciendo un ensayo sobre el odio que resultará muy pesado de leer para cualquiera que con algún esfuerzo, ya llegó a este punto del post. Un post más pesado de lo normal diría yo. Pido disculpas no ya de antemano.

A lo que iba. La canción Bennie and the Jets me pone feliz, me convierte en un Elton John que va maullando por las calles de Quito a todo pulmón, y se convierte en una super medicina cuando uno sale de la oficina, y en una super vitamina cuando uno se dirige a ella.

Empecé este blog cuando llegué a la oficina, y después de volver loca a mi compañera con esta canción en repeat todo el día, voy saliendo y lo único que tengo en mi mente  es….“She’s got electric boots, a mohair suit. You know I read it in a magaziiiiiiiine…”

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Maullando Bennie and the Jets a todo volumen al salir de la oficina

Quito summer

I feel the Quito summer as I open the curtains, and then the window. The wind, dry and fresh with the scent of the mountains comes in a hurry, impatient because I overslept, as I usually do. So I let him in, or he lets himself in. I have no say in the matter. We all know the wind does as he pleases. Or is it a she? Or may be it is what we want it to be when we want it be. The wind has this universal quality of being everything, everyone and everywhere. Some times it sits still, other times it gets up and dances a waltz, a tango, a blues, others it just goes totally mad and behaves like a devil child, selfish and spoiled.

With the Quito summer wind comes along the summer sun and the summer sky, clean as if not knowing what lies beneath it. Us, a mess, humanity, little ants trying to make things out, make something of ourselves, succeed, become great, do great things, be. The sky unrolls some quiet clouds, now white, now orange, now purple, now gone. Even shadow behaves differently than other times of the year. Being more a prophet, announcing the day at its zenith, announcing the night, protecting us from the direct harshness of the sun.

Quito summer also brings along fires, dust, dryness, heat… but I don’t quite feel those as I feel the wind.  I hope rain does come to pay us a visit more often than now and then, though. It does feel all holy when it comes in its manner to wash away our fears, doubts and pains, bringing change along with it. To me, change above all, is the most frightening thing. It’s like standing on a hanging bridge.  You know you have to get to the other side, but every time you start walking the damn thing moves, making everything unsteady and forcing me to get a hold of myself, to stop.

(I say Quito summer because it is not really summer, considering here in Ecuador we don’t have seasons as do other places outside the equator. And summer in Quito -the Andes- is not the same as summer in the rest of the country. While here it is generally dry and sunny, in the coast it is rainy and cold-ish.)

Now everything is calm. Too calm. The colors in the sky, the lights in the city, the moving cars and the people in them. The afternoon is closing in, the wind is a voyeur pacing outside my window, waiting for me to open it, knowing I always do. He wants to take me with him, or she, or it, and push me to walk. (I know I have to give the next step.) “Hang on wind! Don’t be so impatient!” I know it is not possible, but I have a feeling I might just have forgotten how to walk. “Excuses!”, he says. May be I should learn how to fly instead. Or just dance along with the wobbling of the bridge. Dancing, that is something that always seems to work.

I stop to think for a minute (like I do most all day long). Heraclitus said: I am what I do. Yoda said: Do, or do not, there is no try. I say: Try, it’s better than nothing. Then I also say: it’s easier said than done. “Excuses!”, says the wind. Aren’t we all just damn full of them? Not that I am making excuses when I say that. But it has been rather calm lately, and now that summer is here, it is more palpable. Like the sea, when it stays still right before the big waves start coming in, again.

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The wind outside my window