3:17 am, je ne dors pas

Lunes pasada la medianoche. La casa duerme y parece que los fantasmas también porque no rechina ni una puerta, ni se oye una pisada (de esas que sólo yo suelo oir porque mi imaginación se divierte asustándome). Estoy escuchando a Hindi Zahra cantar Beautiful Tango en Youtube. El celular se está cargando. Mi cuarto está bastante ordenado. La montaña de ropa acumulada fue hace un rato escalada exitosamente y devuelta a su lugar de origen. Mi escritorio acumula misteriosos papeles, cartas, recortes de periódicos que mi mamá me deja directa e indirectamente para que yo vea. Hay un llavero sin llaves, una bincha que uso nunca (sé que se dice no uso nunca, pero eso es contradictorio), una lata de Coca Cola de Egipto, un frasco de gummy bears, chapsticks varios, un caramelo viejo que saqué de algún bolsillo, de alguna chaqueta que no usaba hace mucho tiempo, etcétera.

La tarde pasó entre un almuerzo familiar y el concierto de Jorge Drexler, mi amor platónico. Lo saben los que me conocen y seguramente él también después del abrazo que le di en la disco donde coincidimos. Supongo que un amor deja de ser platónico cuando el objeto del amor sabe lo que siente la otra persona. Los que han tenido la oportunidad de verlo en vivo entienden por qué es muy fácil enamorárse de él. Es una persona de esas que fluyen como el agua y uno de repente agradece que alguien finalmente le ponga letra y música a esos sentimientos, ideas, deseos y desesperaciones que llevamos dentro y para los cuales a veces no encontramos las palabras adecuadas que los expresen.

Entre líneas lo que digo es que los ojos se me cierran, que me encanta bailar como si nadie me viera, que los domingos con la family son geniales, que quiero ver The Artist que acaba de ganar el Oscar a mejor película, que mi cuarto está bastante ordenado, que subir montañas me relaja y que amo a Jorge Drexler, y no es un secreto.

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