Estampida de fantasmas

Cual cuerpos fantasmales que pasan en manada
La neblina se acerca lenta y silenciosa
Con un dedo en su boca para que todo
El ruido, el enojo, la tristeza, el miedo
Todo los gris que se lleva dentro
Se calle y se funda en lo misterioso

La mente humana
Trapidante, incesante, estresante
no anticipa la llegada fantasmal
Y sin saberse capaz se pierde
Las pupilas se tornan blancas
Y con ellas, los pensamientos

Cuando llega la neblina
El mundo es mar en calma
Místico, hinotizante, hermoso
Todo es tranquilidad
El misterio envuelve la vida
No hay más allá que la propia nariz
No hay.

Son los fantasmas
“Yo misma” en todas sus formas
Que con sus gritos apagados
Vienen a quitarse las cadenas
Esas que llevamos en los pies
Y arrastramos cual sueños muertos

Miedos hechos cadaver
Sombras hechas cuerpo
Compañeros, luna tras luna
Da pánico verlos arrastrándose con nosotros
Da pánico dejarlos ir

La soledad del “sí mismo”
es peor que ese temor putrefacto al que llamamos “pero”
Pero no hay “yo mismo”, sólo hay yo.

La neblina viene
A pesar de todo
Con su vestido de novia casta
Sus intenciones traslúcidas
Si uno pudiera más que soltar la cadena
Y alargar la mano

Al calor del vacío
A la libertad del desapego
A la propia verdad

Cuando viene la neblina
Llega la paz.

Llega la neblina

Llega la neblina

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