Serie – Bar de paredes naranja

# 3

Un bar de paredes naranja. En mi mano la cerveza se está calentando y eso siempre está mal. Las papas fritas se enfrían y desde mi silla la saliva las añora como si fueran un romance del pasado. Me levanto, cojo una y me lamo el aceite que sobra en mis dedos. El aceite sabe bien, como a algo que fue frito ahí antes que las papas. Vuelvo a mi silla y la añoranza regresa inmediatamente. ¡Quiero más papas fritas!

Sí, siempre me ha gustado lamerme los dedos… y los platos también. Cuando hay visitas en la casa tengo que entrar a la despensa y lamer los platos en secreto. Será porque es secreto y está mal hacerlo que sabe tan bien lamerlos. Mi mamá ha desistido en su intento de corregirme. La verdad es que he intentado dejar el hábito. Ahora sólo limpio el plato con los dedos y luego me lamo los dedos. Soy muy elegante. Utilizo sólo uno.

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The licking of the dish

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Taking the licking to extreme situations: licking the chips off the finger, even in the middle of nowhere

Serie – Bar de paredes naranja

# 2

Un bar de paredes naranja. En las paredes cuelgan posters de Pink Floyd, Janis Joplin, Greatful Dead, y otros clásicos difuntos. El lugar está lleno y las velas sombrean los rostros de los comensales que no saben quien es ni Pink Floyd, ni Joplin, ni los Muertos Agradecidos. Es más, no me gusta la palabra comensales. Suena como alguien a quien le gusta juzgar…

“y los comensales se sentaron frente al acusado para dar su veredicto”.

Serie – Bar de paredes naranja

#1

Bar de paredes naranja. Dos personajes. Un hombre y un hombre. Uno mira por la ventana, el otro a una mujer. Por la ventana la lluvia que acuarela la calle. Por la mujer, una raja en su falda que le sube hasta la entrepierna. ¡Y qué piernas! De fondo, dos personajes. Un hombre y otro hombre. Uno toca en la flauta traversa una sonatina de Beethoven, el otro, lo acompaña en la guitarra eléctrica con una bossa. Por algún motivo parece que suena bien, pero la realidad es que la flauta quiere ver si se luce, y la guitarra está metida en su mundo y le vale mierda la flauta. La gente no se entera de nada y aplaude cuando terminan de tocar.

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