Los collages vintage de Eugenia

Entre uno de mis malos hábitos, cada día gano masiva experiencia en el de ser adicta al Internet. Si sirve de consuelo (a mí no me consuela), mis intereses se limitan a las noticias, artes, moda (no como tendencia, sino como expresión cultural e individual), cultura, música nueva y vieja, y cualquier cuestión estética que llame mi atención. Fuera de eso, el universo virtual escapa de mi mirada. Entre una de las cosas bonitas, de las muchas que encuentro por ahí, me topé con esta artista, Eugenia Loli, originaria de Grecia.

Justamente andaba encontrando muchas obras de este estilo en Pinterest y por fin averigüé el nombre de una de sus creadoras, porque seguro no es la única. Supongo que este tipo de collage vintage está de moda dado que llevo viendo estas imágenes desde hace un tiempo e incluso los buenos de Coldplay sacaron un video muy chévere totalmente inspirado en este estilo (el video se llama Up & up, para aquellos desconectados de las intrascendencias ((¿existe este sustantivo?)) de la actualidad). (Aunque en realidad no creo que la música sea intrascendente, y el pop de Coldplay, que en sus inicios fueron un imán para mis sentimientos nostálgicos y melódicos, no es el peor pop de todos). (Me retracto, sólo me refería a que hay mucho contenido e información en la actualidad, de la cual muy poca, una ínfima cantidad en realidad, es valiosa, verdadera o relevante).

En fin, lo que encuentro atractivo de estas fotografías/ilustraciones es la mezcla de ideas y temas, en principio inconexos, que juntos crean un mensaje muy potente, divertido, claro y bello. Yo tengo una absoluta debilidad y adicción por lo estético, que aún después de tantos años de dedicarle humo y noches de pensamiento a lo que significa lo estético y su valor en el desarrollo de la humanidad, aún me cuesta definirlo en mis propios términos. Esto lo dejaré para un siguiente post porque el tema me apasiona, y porque finalmente, después de muchos, muchos meses de writer’s block, siento una chispita que me lleva a toda velocidad a buscar el lápiz y papel (y el teclado). También quiero escribir de moda, otro tema estético que me fascina, aunque trillado por la explotación superficial que se le da en los medios.

Aquí el link a la página web de Eugenia: http://cargocollective.com/eugenialoli

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La niña pájaro

“¿Dónde estará lo que persigo ciega?
-Jardines encantados, mundos de oro-
Todo lo que me cerca es incoloro,
Hay otra vida. Allí ¿Cómo se llega?”
 
La Dulce Visión, Alfonsina Storni

Sobre una plataforma desolada
y dura como la rabia
vive una niña alada.

Sus patitas hundidas
en la brea hirviente
por la gravedad encadenadas.

Presa de su liviandad
Ciega de tanto pensar
Pasa los días revoloteando
Intentando volar.

Un cielo estrellado
Observa su cavilar
Pero a la hora de sentir
La niebla vuelve a entrar.

Palpita agitada
Exhala con esfuerzo
Sus alas le duelen
Desvanece el deseo.

Animalito alado
Con detonador en mano
Quiere vivir
Quiere explotar.

El gatillo atascado
Las alas oxidadas
Los ojos llorosos
Las palabras cortadas.

Observa callada
Grita en su interior
Quiere volar
Como todo a su alrededor.

Algo está mal
La ecuación no suma
El peso entorpece
Sus sueños se mudan.

El mundo gira
Y ella en su planicie
Intenta abrir las alas
Y sentir la brisa libre.

Vuela, niña pájaro
Siente, niña pájaro
No mueras en vida
No mueras en vano.

Sube tu frecuencia
Anhela, exalta, efervesce
Tu mente te entorpece.

Apóyate en la piedra firme
Enamórate del viento
El miedo sólo es un espectro.

Eres verbo y sustantivo
Lucha, pluma y risa
Todo lo que quieras
Todo lo que imaginas.

Vuela, niña pájaro
Intenta ser feliz
La cadena no existe
Tu temor es infantil.

Construye tu propio cuarto
Con flores, luz y miel
Eres lucha, pluma y risa
No te dejes caer.

Albrecht Dürer

Albrecht Dürer

El manifiesto de las canas

Las canas en mi cabeza aparecen de la noche a la mañana. Hace no menos de un año, tal vez dos, el tiempo me elude, tenía identificada una sobre el lóbulo derecho, o el que creo que es derecho cuando me veo al espejo. Derecha e izquierda también me eluden, como muchos otros conceptos relativos al que los piensa o siente. “Gira a la izquierda”. Tiendo hacía la derecha, dudo un minuto, empiezo a girar .”Tu otra izquierda”.

Las canas que aparecen en mi cabeza son el termómetro de mi vida y el único gen materno que esperaba no heredar, pero así como las obsesiones y demás locuras que inevitablemente he adoptado de mis padres, la tendencia del pelo plateado también es una pasajera permanente en este envase mío llamado cuerpo.

El termómetro indica un nivel al que el envase parece obedecer, pero no su contenido. Bajo la luz blanca del ascensor blanco que tomo varias veces al día como mensajero que me deposita en el mundanal ruido o me devuelve a la seguridad del fuego familiar, los poros de mi rostro se ven enormes, el brillo es excesivo, los granos parecen volcanes, el un pelo que evadió la depilación se dibuja amenazador en mi bigote y las arruguitas florecen inocentes alrededor de mis ojos.

Cuando en un momento, y con absoluto pavor, un peluquero detectó mi primera cana, la cual yo ya había vislumbrado varias veces, le pedí que no entrara en pánico para yo no asustarme más. Dios del choclo, el tiempo (en los ojos del otro) finalmente me había alcanzado. Pero desde ese día hasta el día de hoy las canas no habían aparecido en una cantidad que yo podría considerar preocupante. Tengo claro que cuando pienso en el paso del termómetro me paralizo. Un constante bombardeo de mensajes no subliminales, las expectativas escritas en todos los medios sociales y las frente de la gente que pasa por la calle, los sueños de padres, hijos, no nacidos y zombies de que aproveches cada mili segundo de tu existencia, que rías y ames hasta que vomites, que a cierta edad el termómetro marca objetivos y metas que deben cumplirse con puntualidad, de lo contrario eres y serás eternamente calificado como un alternativo, un hippie apestoso, una solterona, un resultado de la modernidad, una perdida, un depresivo.

Los ideales son incontables, pero ante todo, obligatorios: el cuerpo, el peso, la sonrisa, la nariz, el color y cantidad de pelo, la pareja, el trabajo que te haga tan feliz que ningún día de tu vida sientas que has trabajo, el ahorro, los hijos, el colegio, el perro, los amigos, los viajes, la ropa, la casa, el carro. Definición de ideal según el infalible Google: “Un ideal es un estado inalcanzable pero infinitamente aproximable, [etc, etc]”. Inalcanzable e infinitamente aproximable. Sí, es exactamente la manera como quiero pasar cada minuto de mi vida, aproximándome a lo eternamente inalcanzable. Pero es la regla de oro, la base sobre la cual se mantiene viva la cultura capitalista, la tradición contemporánea de la cual ni los más liberales parecen poder liberarse.

La vejez tiene mala fama, es poco apetecida, no está de moda, no es deseable, pero si algo bueno tiene, que no el respeto que se le pierde cada nuevo siglo, es que los años que la alimentan la han curtido en esa experiencia a la que venimos sin elección y a la que coloquialmente llamamos vida. En algún lado leí que lo que hay que hacer no es crecer, sino madurar. La cita me calzó como anillo al dedo. Era un consuelo ver por escrito que lo que yo misma siempre supuse que padecía, el síndrome de Peter Pan, tenía una posible solución. Uno no tenía que dejar de ser un niño para poder entender y enfrentarse a la vida adulta.

Al entrar a la luz blanca que pone todas las verdades al descubierto, el mercurio sube y descubro que lo que era una sola cana, ha engendrado varias bastardas. Creo que son seis, repartidas sin armonía por todo el territorio craneal. Al verlas me entristezco. Son tantas las experiencias y objetivos que deberían haber sido alcanzados a este punto del termómetro. ¿No son las canas el resultado directo de la madurez adquirida? En mi caso el reloj biológico se saltó las reglas y cambió madurez, por preocupación ocasionada por no alcanzar esa madurez. Es justo el estrés que necesito añadirle a mi día a día, de por si carente de preocupaciones existenciales (ironía). Eso, sumado a que mi cuerpo ya no tiene 15 años, que no he alcanzado las metas esperadas para alguien con mi temperatura, que las canas siguen apareciendo gratuitamente, y que la luz del ascensor es implacable, mi entusiasmo se ve relativamente reducido a comparación de mis temores.

De todas formas todo va a estar bien. Este desasosiego propio de un hijo del “primer mundo” (en el caso de Ecuador, ¿tercer mundo?) es perfectamente solucionable y sé que el tiempo/espacio me pondrá de cara contra el piso para entenderlo. Pero hoy, ahorita, luchando contra el cansancio ocasionado por estar sentada frente a una pantalla todo el día, quisiera por un momento volver a la infancia, volar la infancia, volar, planear, elevar, surcar, aligerar, revolotear. A veces corro y es lo más cercano que tengo a un momento de clarividencia, que tan pronto llega, se va. No como mis canas.

Girl at Mirror, by Norman Rockwell

Girl at Mirror, by Norman Rockwell

Un gallo en la ciudad

Oigo cantar un gallo. Son las 12:56pm, estoy en medio de la ciudad y debo admitir que no he oído cantar un gallo aquí desde lo que puede retroceder mi memoria, lo cual no quiere decir mucho teniendo en cuenta que carezco de la habilidad de recordar cosas importantes, pero en cambio soy experta en recordar insignificancias. Un gallo cantando incesantemente, en pleno norte quiteño, se me antoja relativamente trascendental, porque significa que la naturaleza no ha desaparecido del todo de esta ciudad gris y carente de verde. Lo que si es extraño, y no me refiero a los ladridos del perro o el sonido tenue de los escasos carros que pasean por la capital un lunes de feriado, es que el gallito no deja de cantar. Cada dos segundos vuelve a entonar su aria y me lo imagino inflando su emplumado pecho y lanzando las notas al aire como si fuera el último día de su vida. Tal vez lo es. Sino, ¿porqué motivo cantaría con tanta insistencia y volumen? Tal vez no es el último día de su vida. Podría estar en pleno acto reproductivo con una ingenua pollita y su canto de macho alfa la trae toda alborotada, o el pobre es un iluso que compite musicalmente con el incesante barullo citadino y se abstrae a un mundo paralelo en el que los locos no están solos y hablan el mismo idioma que el viento.

1:09pm. El gallo sigue cantando. El sol ecuatorial quema la vista. Las margaritas de mi florero improvisado están marchitándose después de haber dado una dura y armoniosa batalla contra el tiempo. Quisiera estar con el cuerpo sumido en una piscina natural donde cae una cascada. Quisiera decirle al gallo que se calle el pico, porque si bien al principio sentí que su canto me transportó a un sueño de princesas castigadas por la sociedad, ahora ya me tiene harta por estar tan absolutamente fuera de lugar. Oírlo un par de veces, como las campanadas de la iglesia que suenan cada hora, es reconfortante. Oír como se suicida con su propia locura, como lucha en vano con la ciudad, como grita desesperado para que alguien sepa que está vivo, está resultando familiarmente insoportable. Espero que degollen al gallito y lo hagan aguado de pollo, (nota del autor: plato tradicional local con el que estoy particularmente encariñada, que sabe, aunque sea por un momento, a lo tranquila y cálida que era la infancia).

1:17pm. El gallo sigue cantando.

1:36pm. El gallo sigue cantando.

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Sigo la instrucción

cita Ernest Hemingway true

La ansiedad controla mis músculos. A veces sonrío para que la otra persona no se sienta mal. La trivialidad de mi día a día me hace terrestre, la trivialidad de los otros me aburre. Seguramente podría dormir sin tomarme mis pastillitas de melatonina, pero la verdad es que a veces prefiero no averiguarlo. Me paso pendiente del celular, esperando recibir mensajes para sentir que al otro lado del teléfono alguien tiene tanta necesidad de comunicar como yo, pero eso no suele pasar. Comunicar. Los lugares carentes de ventanas o de luz natural me hacen sentir sofocada y triste. No entiendo cómo cuando hace mucho calor, hay personas que no abren la ventana o no se sacan el suéter. El oxígeno es vital y la satisfacción que ofrece su existencia se siente aún más cuando entra en una ráfaga de viento que refresca los pensamientos y le quita el polvo al cerebelo. ¿Cómo no abrir la ventana? La costumbre es la peor enemiga, como aquel que siempre comió su comida tibia, o aquel que siempre la comió hirviendo. Pero el simbolismo de hogar, amor, comfort, tranquilidad, satisfacción y de presente prometedor que otorga la sensación de comer un plato de comida caliente, no se compara con nada. Un plato caliente antes de dormir hace una diferencia existencial abismal. Agradezco tener un plato caliente por las noches. La pobreza circunstancial debe ser una dificultad difícil de superar, pero no imposible. Yo no soy rica. No soy pobre. La actitud de pobreza es algo más temible que la muerte. Quiero evitar a toda costa este tipo de pensamiento: de resignación, conformismo, inseguridad  e inferioridad. Últimamente mi edredón se ha ido encogiendo (o ha ido perdiendo sus plumas) y el cobertor le queda un poco grande, ocasionando que por las noches la sábana se me ensortije cual boa constrictor. Eso me trastorna los nervios. La ansiedad causa en mí un movimiento compulsivo y veloz del pie, sobre todo del derecho, cuando estoy con las piernas cruzadas. Lo hago sin darme cuenta y cuando finalmente lo noto, de todas formas prefiero no detenerme. Si me piden que me detenga me da desesperación. Toda mi vida dije que no quería tener hijos, últimamente ando cambiando de opinión. El reloj biológico femenino es una joda. Pánico absoluto. Ni siquiera puedo independizarme de mis padres porque mi distracción existencial (y mis pastillas antidepresivas) me mantienen relativamente equilibrada. Igual, sin pastillas, tampoco puedo tomar decisiones. Me quedo en las mismas. Usualmente, apenas llego a mi casa, lo primero que hago es sacarme los zapatos, ponerme pantuflas y sacarme la ropa interior. Sin ropa interior en la calle me siento desnuda, con ropa interior en la casa me siento enjaulada. Free the nipple, or whatever the fuck that means. I am not a motto kinda girl. Trends work hasta cierto punto. Amo la moda, no las tendencias. Amo las posibilidades que pueden ofrecer las prendas de ropa para expresar la forma de ser, sin palabras, y para ser creativo. Ser creativo dentro de la terriblemente tediosa rutina, a la que a veces me apego para darle cierto sentido a mi vida, y de la que huyo constantemente porque me aburre, me asusta y succiona mis ganas de vivir. Amo vivir con mis padres y a la vez sueño con decorar el pedacito de espacio que algún día será sólo mío. Mis padres me invitaron amablemente a considerar la posibilidad de independizarme. Panic in the attic. Lo cierto es que, en efecto, duermo en un ático. No me están botando de la casa, creo que ellos también aman que viva en casa porque hago mucho ruido, muchos chistes y las comidas en la casa se rigen por el reloj de mi estómago, mi madre me llama la muerta de hambre. Algún día me iré, no sé bajo que circunstancias. Creo que lo único de lo que depende esa decisión es ser financieramente auto sostenible. Mis estándares no son altísimos ni irreales, ni mucho más, pero no quiero resignarme, conformarme, etc, etc. Vivir con los estándares de mi padres no es posible actualmente, ni siquiera para ellos mismos. Por suerte son previsores, no son pretensiosos, y son sencillos. Son unas buenas cualidades que aprender de ellos. Mis papis han sido y siguen siendo mis mejores maestros. Amo a mis padres. ¿Puede uno amar demasiado a sus padres? Sufro de eso. Me cansa un poco la gente caprichosa, egoísta y ensimismada. A veces yo también me ensimismo y me canso de mí misma. A ratos me canso un montón y quisiera callarme la boca. Me cansan los que pitan apenas la luz del semáforo se pone verde. Amo caminar por las calles de la Floresta a pesar de que son un campo minado de cacas de perro. De pequeña era extremadamente tímida y eso me causaba un leve sufrimiento interior. Al graduarme decidí trabajar en ello y cambiar la situación. En algún momento todo se puso patas arriba y ahora no me puedo callar. Hablo hasta con el perro de la calle. Amo abrazar. Abrazo un montón. No hay nada más rico que abrazar, a quien sea, aunque tal vez no a un violador. A uno de esos quisiera cortarle los huevos con mi navajita suiza. Me encanta cuidar a mis plantitas y considero un éxito que no se me hayan muerto. Tengo un bonsai espiral, una suculenta, un cactus y dos baby orquídeas. Arreglo mi cuarto todos los días, porque lo desordeno todos los días, y sin embargo nunca está lo suficientemente organizado. Tengo muchos pendientes. Soy la emperatriz absoluta de la procrastinación. ¿Existe esa palabra es español? Me asustan los extremismos. Me molestan las generalizaciones. No entiendo la violencia. Me han explicado mil veces y sigo sin recordar como jugar cuarenta y qué diablos se hace con las facturas y los impuestos. Quiero volar, gritar, moverme, correr y bailar como idiota, pero es difícil salir del detenimiento existencial. El hamster está dormido en la rueda. De verdad no hay límites y la sensación de permitirse soñar y de ver más arriba de las antenas de los altos edificios es esperanzadora. Los sueños no tienen tamaño. Ando en busca de sueños. El otro día soñé con un Brad Pitt decapitado. Querer llegar alto no significa despegar los pies de la tierra, no significa olvidar las raíces. Significa querer superarse, sobrepasar los propios límites, llegar a lo más alto de uno mismo, a lo mejor de uno. a un lugar desde el cual la vista es inigualable, desde el cual hay perspectiva, desde el cual puedes dar una mano a los que suben contigo. Las nubes y las estrellas están al mismo nivel. Las escuelas deberían dar clases de filosofía y astronomía obligatoriamente, y ya que estamos deberían dar clases de cocina y de vida práctica, o sea impuestos, alquileres, sentido común y civilidad. Damn it! ¿Será que el mundo está de verdad de caída y nos moriremos ahogados en nuestros propio dióxido de carbono? Odio y amo a la humanidad. Me odio y me amo a mí. Debo ponerme primero la mascarilla antes ayudar a la gente que está a mi alrededor. Makes sense. Aunque aún así los aviones que caen, rara vez se salvan. Odio pensar qué necesito dinero para todo. Sólo quiero vivir y bailar y reír y hacer reír. Nada es gratis. La felicidad es deliciosamente impalpable. La vida es palpable. Lo palpable es caro. Voy a parar de escribir. La sangre me hierve en los dedos. Seguramente tendré dificultad para dormir. Reconozco el síntoma de la sangre hirviendo. La melatonina es todo en estos casos. Intento no tomar nada que sea adictivo. Estoy escuchando los Foo Fighters. Voy a apagar la pantalla de la compu y prender la de la tele. Delicioso. Sedante mental. Bye, for now. Can´t stop talking…

Una hierba en el jardín

La hierba se siente fría. El sol está en su cenit. Acostada boca abajo, a la altura de mis ojos, el jardín es gigantesco y yo soy un humano miniatura que camina entre la selva, peligrosa y amigable. Sé que soy un ser humano, me lo dijeron en la escuela. Inmediatamente vuelvo a ser un gigante. Arranco una a una las hierbitas que están a la altura de mi mano. Me gusta el sonido de la hierbita rompiéndose entre mis dedos con un esfuerzo mínimo. El aire huele a sequedad, pero a ras de tierra hay una fragancia húmeda. Un calor invisible transita contra gravedad. Él sube ligero, directo hacía las nubes. Y yo, presa de mi peso, no puedo más que tener los pies sobre la tierra y pretender que estar erguida me da algún tipo de ventaja darwiniana sobre las otras especies. He oído hablar de Darwin, pero no se quién es. Aún desconozco conceptos como evolución y supervivencia. He visto fotos de él y sé que es un señor con barba que se parece a Papa Noel.

Mi relación con las otras especies se ve supeditada por el comportamiento de los adultos hacía ellas. Si el perro no obedece lo retas, para que aprenda. Hasta ese punto el perro recibe el mismo trato que yo y todos los niños que me rodean. Si quieres una tortuguita, la compras de la tienda de mascotas. A mi no me compraron a pesar de que dicen que soy hija del vecino porque no me parezco mucho a ninguno de mis padres. Yo sé que es broma, pero a veces dudo. ¿Cómo será mi padre, el vecino?

A la tortuguita, si no le das de comer y le cambias el agua, se muere. Yo necesito comer para crecer sana y fuerte, me lo dice mi madre. Cuando voy al baño, me enseñan a bajar la válvula para que no se queden ahí los desperdicios pestilentes que salen de mi cuerpo. No me gusta ir al baño a hacer la dos. A veces me quedo ahí sentada por horas sin que nada salga. Por eso le pido a mi hermano menor que me acompañe y converse conmigo, así no me aburro. También me meten con frecuencia a la ducha. Mi madre me enseña a lavarme todo el cuerpo, hasta la más mínima de sus hendiduras. Ahí la suciedad puede procrear y uno siempre tiene que estar muy limpio. Si no estás limpio te enfermas. Al salir de la ducha te secas todo, incluidas las hendiduras. Si te quedas mojado, el rato de vestirte mojas la ropa. Mi madre nos enseña la técnica de secado de la espalda. Coges la toalla por sus dos extremos longitudinales y la pasas sobre tu cabeza para colocarla atrás de tu espalda. Ahí empiezas a realizar movimientos laterales rápidos con los brazos, primero a un lado, luego al otro, mientras frotas la espalda con la toalla. Debes empezar desde lo más alto de la espalda hasta llegar al trasero. Entiendo.

La tortuguita, si se da la vuelta sobre su caparazón, se muere. He hecho la prueba. Cuando estoy acostada de espaldas, o me caigo, siempre puedo volver a levantarme. Un par de veces vi como una de ellas perdía el equilibrio y quedaba patas arriba. Le observaba un rato a ver cuanto tardaba en morir, pero rápidamente le volvía a dar la vuelta. Prefiero no averiguarlo. A veces les doy de comer una comida asquerosa que huele a pescado podrido y parece papel. Nunca les cambio el agua. No entiendo lo que significa hacerse cargo. Mi madre es la que las cuida de verdad. Tenemos dos, Palito y Palita. Las cojo una a una con mis manos, les doy la vuelta y les rasco la parte de abajo del caparazón para hacerles cosquillas ¿Los animales se ríen? Las dejo otra vez en su piscinita, una tarrina con piedritas color pastel y una islita artificial. El pequeño mundo de plástico se asemeja a una pequeña isla paradisíaca donde si naufragaría, viviría de los cocos y construiría una guarida con las hojas de la palmera. Al poco tiempo Palito muere, seguido de cerca por Palita. Me da pena, pero no lloro. No entiendo.

Entre las hierbas crecen unas pelusas blancas con un diminuto sombrero blanco, tal vez sean hierbas bebé. Le dan un toque sublime al pasto. En realidad aún no conozco la palabra sublime, a pesar de que para mi edad conozco palabras más complejas de lo que percibo aún como vida. Las hierbas me pican los codos y me canso de mantener sobre mis muñecas el peso de mi cabeza. Pego el oído a la tierra. Oigo leves crujidos, las hierbas conversan y se mueven sin moverse. Me alzo la camiseta hasta la altura del pecho, me encanta sentir el picor de la hierba y lo fresquita que se siente contra en mi estómago. Respiro hondo inflando la panza para que se hunda en la tierra. Las hierbas se clavan en mi piel, pero no duele. Unas minúsculas arañitas saltan de una hierba a otra. Aún no les tengo miedo. Me sorprende que con ese tamañito puedan saltar tanto. Oigo un retumbar. La tierra late. En mi inocencia percibo el sentido de que el planeta tenga corazón. El latido se detiene. Alzo la mirada. Veo los zapatos de mi madre. Es hora de comer.

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A Song of Opposites, by John Keats

“Under the flag
Of each his faction, they to battle bring
Their embryon atoms.” – Milton

WELCOME joy, and welcome sorrow,
Lethe’s weed and Hermes’ feather;
Come to-day, and come to-morrow,
I do love you both together!
I love to mark sad faces in fair weather;
And hear a merry laugh amid the thunder;
Fair and foul I love together.
Meadows sweet where flames are under,
And a giggle at a wonder;
Visage sage at pantomine;
Funeral, and steeple-chime;
Infant playing with a skull;
Morning fair, and shipwreck’d hull;
Nightshade with the woodbine kissing;
Serpents in red roses hissing;
Cleopatra regal-dress’d
With the aspic at her breast;
Dancing music, music sad,
Both together, sane and mad;
Muses bright and muses pale;
Sombre Saturn, Momus hale; –
Laugh and sigh, and laugh again;
Oh the sweetness of the pain!
Muses bright, and muses pale,
Bare your faces of the veil;
Let me see; and let me write
Of the day, and of the night –
Both together: – let me slake
All my thirst for sweet heart-ache!
Let my bower be of yew,
Interwreath’d with myrtles new;
Pines and lime-trees full in bloom,
And my couch a low grass-tomb.

Posthumous and fugitive Poems

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