Inspiración: Wings of Desire

(Película de Wim Wenders, 1987, protagonizada por Bruno Ganz)

Cuando algo que no es poesía, lo es, o que no tiene porque serlo….Cualquier trivialidad, sinsentido, una pared, una puerta, una caricia, una sola palabra, una intención, las imágenes que salen de una pantalla. Vanalidades. Una sombra, esa misma sombra que bajo diferentes luces cobra vida, alza el vuelo y se va. Se va lejos, lejísimos, a lo más alto de las montañas, donde no hay más que frío y el silencio del viento. La luz a través de las hojas, el sonida de las gotas de lluvia que resbalan por la ventana, la sinceridad de una mirada, la sinceridad por sí sola. La sensación de velocidad vestida de tiempo, y el tiempo vestido de paisajes que se convierten en franjas de colores y que la brillante conciencia humana puede deducir aún sin percibir sus formas con nitidez y detención. Un buen plato de comida, con sus dulces y amargos, con la sal que le falta. Un abrazo, un cuerpo desnudo, un corazón que late sin saberse vivo, abajo de una coraza, una piel tersa, un pedazo de tela y unas ganas de vivir. Cuando todo lo que no tiene porque ser poesía, lo es, se vuelve eterno, universal adentro nuestro. Porque la poesía está siempre ahí, adentro y afuera y no siempre, casi nunca, es visible. ¡Qué profundidad se siente en el pecho cuando la poesía se transfigura, se vuelve palpable! Tal es la profundidad que el espacio nos llena y por un momento la existencia se torna ligera y adquiere un fresco olor a jazmín y mandarina.

“Any healthy man can go without food for two days – but not without poetry.”

Charles Baudelaire

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Marion, la trapecista (escena de la película)