Un gallo en la ciudad

Oigo cantar un gallo. Son las 12:56pm, estoy en medio de la ciudad y debo admitir que no he oído cantar un gallo aquí desde lo que puede retroceder mi memoria, lo cual no quiere decir mucho teniendo en cuenta que carezco de la habilidad de recordar cosas importantes, pero en cambio soy experta en recordar insignificancias. Un gallo cantando incesantemente, en pleno norte quiteño, se me antoja relativamente trascendental, porque significa que la naturaleza no ha desaparecido del todo de esta ciudad gris y carente de verde. Lo que si es extraño, y no me refiero a los ladridos del perro o el sonido tenue de los escasos carros que pasean por la capital un lunes de feriado, es que el gallito no deja de cantar. Cada dos segundos vuelve a entonar su aria y me lo imagino inflando su emplumado pecho y lanzando las notas al aire como si fuera el último día de su vida. Tal vez lo es. Sino, ¿porqué motivo cantaría con tanta insistencia y volumen? Tal vez no es el último día de su vida. Podría estar en pleno acto reproductivo con una ingenua pollita y su canto de macho alfa la trae toda alborotada, o el pobre es un iluso que compite musicalmente con el incesante barullo citadino y se abstrae a un mundo paralelo en el que los locos no están solos y hablan el mismo idioma que el viento.

1:09pm. El gallo sigue cantando. El sol ecuatorial quema la vista. Las margaritas de mi florero improvisado están marchitándose después de haber dado una dura y armoniosa batalla contra el tiempo. Quisiera estar con el cuerpo sumido en una piscina natural donde cae una cascada. Quisiera decirle al gallo que se calle el pico, porque si bien al principio sentí que su canto me transportó a un sueño de princesas castigadas por la sociedad, ahora ya me tiene harta por estar tan absolutamente fuera de lugar. Oírlo un par de veces, como las campanadas de la iglesia que suenan cada hora, es reconfortante. Oír como se suicida con su propia locura, como lucha en vano con la ciudad, como grita desesperado para que alguien sepa que está vivo, está resultando familiarmente insoportable. Espero que degollen al gallito y lo hagan aguado de pollo, (nota del autor: plato tradicional local con el que estoy particularmente encariñada, que sabe, aunque sea por un momento, a lo tranquila y cálida que era la infancia).

1:17pm. El gallo sigue cantando.

1:36pm. El gallo sigue cantando.

gallo blog

Advertisements

2 thoughts on “Un gallo en la ciudad

  1. Hola, me gusta mucho lo que escribes Natalí, creo que son textos originales y sentidos, osea tienen mucha relación con la vida. super

    Un abrazo
    Margarita

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s