Para el que esté despierto a esta hora

Cuando en apuro, mis manos buscan mi cuaderno con páginas sin líneas y un esferito japonés de una tienda que me fascina. En esta tienda todo parece tener un sentido y a pesar de vender gran cantidad de artículos no se siente atiborrada, sino lo contrario. Será que tengo una debilidad por la noción de que menos es más, de que lo funcional también puede (y tiene el deber de) ser bello, y que la armonía estética le otorga una cierta paz al espíritu. Mi esferito japonés es todo eso, y para cumplir aún mas con mis necesidades obsesivas, el esfero es de punta 0.38, tinta negra. Escribir mis pensares y sentires con tinta azul se me antoja insoportable. He recurrido a este color, que de verdad no me disgusta en absoluto, en casos de emergencia, pero el efecto visual de las letras es desagradable, menos elegante, institucional, distorsionado.

La verdad es que la calidad de mi letra no depende del color o material de la tinta, tipo de punta o marca de esfero (cuestiones de las que más que depender, disfruto), sino de mis sentimientos, velocidad de mis ideas, nivel de cansancio, comodidad de mi postura y finalmente de la herramienta de escritura, en ese orden. Sin embargo, sentir como resbala la tinta sin dejar trazos al azar, ni manchas inevitables, y va transformando cuestiones inexplicables en bonitos jeroglíficos, semi ordenados y cuasi lógicos, es un placer. Mi necesidad de orden tal vez se debe a la guerra civil entre razón y emociones que se da diariamente dentro del espacio contenido en el envase llamado cráneo. De Entre el cruce de balas, humo, sangre, traiciones y voces, se empieza a hilvanar un sutil y casi imperceptible momento de silencio que dura lo que el esfero convierte la idea en palabra. Esta labor terapéutica, a la cual recurro cada vez con menos frecuencia y más dificultad, el esferito negro 0.38 de Muji (la tienda japonesa que me encanta) la cumple con la lealtad inquebrantable de un buen soldado. El único que pelea en mi bando.

A lo que iba. Toda esta algarabía pretendía contar que en vista de que no puedo dormir, iba a ponerme a escribir y me topé con que no tengo cuaderno ni esfero en mi velador, pero sí un elemento tecnológico que hace las veces de, aunque no podría nunca reemplazar el placer que conlleva la tarea de la escritura artesanal. Esta es la tercera noche que no me dejo conciliar el sueño y el motivo de esto es realmente absurdo. El sábado que acaba de pasar vi con mi madre una película llamada La cuarta etapa (o algo así), un thriller basado en supuestos hechos reales sobre secuestros alienígenas. La cosa me dio tanto miedo que por primera vez desde que era muy pequeña (o esa vez hace pocos años en Barcelona después de una horrible pesadilla), tuve que dejar la luz prendida para dormir y aún así me levantaba sobresaltada a cada rato a verificar que, en efecto, no se había apagado o había sido apagada por alguna presencia no humana. Cuando el sol finalmente salió, mi cabeza cayó exhausta sobre la almohada.

Son las 4:10 de la noche. No se oye nada más que los repentinos crujidos de la casa que hacen que el corazón me salte por la garganta. Por un mili segundo verdaderamente creo que son los alienígenas que vienen a llevarme contra mi voluntad. Ayer y hoy apagué la luz, pero mi cuerpo hacia grandes esfuerzos por no quedarse dormido, así que hoy cedí a su capricho. Prendí la lámpara , busqué papel y esfero y me di cuenta que estos estaban abajo en mi escritorio, lo cual implica bajar las gradas por las que hace un minuto estaba segura que alguien se arrastraba.

Tal vez retrocedí a una especie de miedo reprimido de la niñez, lo que no hace mi predicamento actual menos ridículo. Mañana voy a pagar mi recientemente estrenando miedo a los secuestros alienígenas con un cansancio descomunal bajo el cual tendré que trabajar. ¡Porque sí! Soy una mujer adulta, trabajadora, con miras a una tardía independencia paterna, de pensamiento propio y leves nociones obsesivo-compulsivas, y ante todo, que se muere de ganas de hacer pipí, pero no puede, porque como era de esperarse, el baño, como mi esfero y cualquier posibilidad de salvación, están abajo y yo estoy atrapada en mi cama, arriba.

PS: pido disculpas por posibles errores gramaticales o sintácticos, mientras escribo esto intento no quedarme dormida

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s