De los domingos

Cuando vivía en Europa no podía haber día más deprimente que el domingo. Todo está cerrado. La ciudad se me antojaba bastante desolada. La vida iba en cámara lenta y las pocas caras que aparecían por la calle se veían confundidas y adormiladas. De acuerdo. No todos los domingos eran insoportables, a veces agradecía el silencio y la quietud. El frenesí de la ciudad puede ser bastante consumidor, en el sentido que consume la fuerza de las personas. Es como si al final del día, cada que pasara a toda velocidad un carro, bus o metro se llevara consigo un poquito de mis energías. Como si el corre corre de la multitud de Plaza Catalunya fuera más bien una carrera por la vida que un simple paseo al H&M, o parte de la ruta inevitable que tomaba para ir a carrer Avinyó para buscar un recóndito café en el que llevar de la mano a mis Preocupaciones o Sueños Despiertos.

Nathalie con Preocupaciones y Sueños Despiertos yendo a tomar café a carrer Avinyó.

Mi relación con los domingos, todos los años que viví fuera era de amor y odio. Es cuando más ganas me daban de estar en casa con mi familia, o cuando mejor sentía mi soledad, cuando más me aburría, o cuando más tiempo tenía para pensar en la inmortalidad del cangrejo y ese tipo de cosas en las que mi mente se ocupa con una fruición indómita. Y es que el resto de la semana no tenía tanto tiempo para dedicarme a divagar en mi cabeza con la calma con la que me gusta hacerlo, con buena música de fondo y una taza de café en mano, ambos indispensables, la música y el café. (No que mi mano no sea indispensable.)

Hoy domingo, ya no estoy en Europa desde hace un par de años (el tiempo vuela sin reparos ni remordimientos. El desgraciado es implacable). Dormí once horas, escondida en mi edredón de plumas, como un osito que hiberna en su lecho de hojas secas. Me desperté con ganas de hacerle desayuno a mi familia. Hice una omelette a toda madre, tostadas, café, jugo de naranja. Vimos un rato las Olimpiadas en la tele, rotamos entre nosotros las secciones del periódico que íbamos terminando de leer y luego cada uno siguió con su camino dominical. Papá a sus cómics y libros, mamá a su patchwork, yo a arreglar mi cuarto y oir música. Oir música,  descubrir música nueva es de mis pasatiempos preferidos.

Este momento, mientras escribo este post, escucho el nuevo cd de Norah Jones, “Little Broken Hearts”, producido por Danger Mouse. Al parecer, después de haber trabajado juntos en el cd “Rome”, junto con Jack White, les dio por colaborar en el siguiente cd de Norah (por cierto ese cd también está buenísimo). Debo decir que fue una genial idea. El cd, que salió en Mayo (lo que en este mundo de rapidez significa que no es ya tan nuevo) está genial. Leí el review en la revista Soho del mes pasado, pero hasta ahora no me había sentado a escucharlo con atención y ver si los elogios que le daban eran ciertos. Lo son. Por cierto, eso de que Soho es una revista prohibida para mujeres es una buena táctica de márketing, porque creo que nos da incluso más curiosidad de leerla, por lo menos a mí. Fotos de yuchas aparte, (yuchas son chicas desnudas, aclaración lingüística para no ecuatoriano-parlantes) (me informan además que no se escribe yucha, se escribe llucha, pido disculpas, esta ecuatoriano-parlante no habla ecuatoriano fluido), es una revista bastante entretenida, con artículos atrevidos que se alejan de la monótona jerga periódistica de otras revistas y que toca temas de todo tipo, y que también se aleja de esas revistas de sociedad que celebran el chisme y la frivolidad.  Aunque no dejan de vender producto tras producto, como lo hacen todos los medios. Hoy en día no creo que puede haber revista que no te venda algo, porque sin publicidad parecería que no pueden sobrevivir, capitalístamente hablando.

Little Borken Hearts, Norah Jones

En resumen. Este buen domingo parcialmente nublado me recordó que a veces los domingos me disgustan en absoluto. Con Martín, uno de mis amigos más queridos, una época que vivimos juntos en Buenos Aires, nos pusimos de propósito luchar contra el tedio y nostalgia del último día de la semana y nos pusimos como misión buscar el mejor mojito de Buenos Aires. Dijimos que formaríamos la Mojito Conspiracy. La verdad es que el entusiamos duró poco más después de haber dejado la ciudad porteña, pero la intención fue noble y ahora es uno de mis más gratos recuerdos.

El cd de Norah va bien con el lento compás de este  domingo. Hay una melancólica guitarra eléctrica de fondo. las letras son un poco más oscuras que las de sus otros cd’s. Su voz siempre es dulce, lo cual viene bien casi a cualquier hora del día, y más hoy cuando las cosas se mueven lento y vuelven los recuerdos de los domingos europeos. Mi recomendación del día es oir este cd algún domingo apacible, en el que la mente corre más rápido que el cuerpo, y hay ganas de organizar un poco las ideas o el escritorio. Me gustan “Happy Pills” y “Out on the road”.

Listo por hoy. Este post ya se alargó bastante. Les dejo con el video de una de estas canciones.

Happy Pills – Norah Jones http://youtu.be/a9s0DCQJq4I

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6 thoughts on “De los domingos

  1. Hey!! acabo de leer tu ensayo sobre los domingos… me gustó tanto que me metí a leer tu perfil (muy bien escogida la foto y redactado el texto) y ahora quiero leer tus anteriores. Me siento identificada con quien sales a pasear…creo que tienes mucho talento. No dejes de escribir!

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  2. Hey! no había leído tu post de los domingos. Me identifico tanto. Los domingos los segundos se pierden en los relojes, y cada minuto ciertas veces pasa tan dolorosamente como el anterior. Creo que necesito un nuevo objetivo para los domingos.
    No dejes de escribir, cada post se hace más interesante que el anterior.
    un abrazo

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